
Autor: Fernanda greco
La varicela es una infección viral muy frecuente en la infancia y,
aunque suele considerarse una enfermedad leve, genera muchas dudas
cuando aparece en casa. Si tu hijo presenta síntomas o creés que pudo
haberse contagiado, esta guía ampliada te ayudará a entender qué está
pasando, cuánto puede durar y cómo actuar correctamente.
¿QUÉ ES LA VARICELA?
La varicela es una enfermedad causada por el virus varicela-zóster. Se
trata de un virus altamente contagioso que afecta principalmente a
niños, aunque también puede presentarse en adolescentes y adultos que no
hayan tenido la infección previamente o que no estén vacunados. Una vez
que una persona se contagia, el virus permanece en el organismo en
estado latente y puede reactivarse años más tarde en forma de herpes
zóster.
Es común que la enfermedad se propague rápidamente en ámbitos escolares
y guarderías. Cuando un niño se contagia en el aula, es frecuente que en
pocos días aparezcan más casos entre sus compañeros debido a la
facilidad con la que el virus se transmite.
CÓMO COMIENZA
El virus tiene un período de incubación que suele extenderse entre 10 y
21 días. Durante este tiempo no hay síntomas visibles, pero la persona
puede volverse contagiosa poco antes de que aparezcan las lesiones en la
piel.
Los primeros signos suelen incluir malestar general, fiebre moderada o
alta y cansancio. Luego aparecen pequeñas manchas rojizas que comienzan
generalmente en el cuero cabelludo, detrás de las orejas, en el cuello o
en el tronco. Estas manchas evolucionan rápidamente hacia pequeñas
ampollas llenas de líquido transparente.
En cuestión de días, las lesiones se expanden por casi todo el cuerpo,
incluyendo rostro, brazos, piernas e incluso mucosas. Es característico
que en la piel puedan observarse lesiones en distintas etapas al mismo
tiempo: manchas, ampollas y costras.
CUÁNTO DURA
Desde la aparición de las primeras ampollas hasta que todas se
transforman en costras pueden transcurrir entre 7 y 15 días. El niño
deja de contagiar cuando todas las lesiones están secas y con costra.
El picor puede ser intenso, especialmente en los primeros días de la
erupción. Es fundamental evitar que el niño se rasque, ya que al romper
las ampollas se incrementa el riesgo de infección bacteriana y pueden
quedar cicatrices permanentes.
CAUSAS Y TRANSMISIÓN
La causa es el virus varicela-zóster. Se transmite con gran facilidad
por contacto directo con las lesiones cutáneas o a través de gotitas
respiratorias expulsadas al hablar, toser o estornudar. También puede
contagiarse al tocar objetos recientemente contaminados.
La persona infectada puede transmitir el virus desde uno o dos días
antes de que aparezca la erupción hasta que todas las lesiones hayan
formado costra.
SÍNTOMAS MÁS FRECUENTES
– Fiebre que puede durar entre 2 y 4 días.
– Dolor de cabeza.
– Pérdida de apetito.
– Cansancio general.
– Aparición progresiva de manchas y ampollas.
– Picazón intensa en la piel.
En algunos casos pueden presentarse síntomas más severos, especialmente
en adolescentes, adultos o personas con defensas bajas.
CONTAGIO EN EL EMBARAZO
Si una mujer embarazada contrae varicela, debe consultar de inmediato
con su médico. Aunque la mayoría de los casos no generan complicaciones
graves, existe un pequeño riesgo de afectar al feto, especialmente si la
infección ocurre durante los primeros meses de gestación.
En situaciones poco frecuentes puede desarrollarse varicela congénita,
que puede ocasionar alteraciones en el desarrollo. Por eso es importante
que las mujeres en edad fértil conozcan si han tenido la enfermedad o si
están vacunadas.
TRATAMIENTO
En niños sanos, el tratamiento suele centrarse en aliviar los síntomas
mientras el sistema inmunológico combate el virus. Se pueden utilizar
medicamentos para la fiebre (evitando siempre la aspirina),
antihistamínicos para el picor y lociones calmantes.
Mantener las uñas cortas, utilizar ropa liviana y realizar baños con
agua templada puede ayudar a disminuir la incomodidad. En casos
especiales, el médico puede indicar antivirales.
PREVENCIÓN
La vacunación es la herramienta más efectiva para reducir el riesgo de
enfermedad y complicaciones. Las estadísticas muestran que la vacuna
disminuye significativamente la probabilidad de contagio y, en caso de
infección, suele hacer que el cuadro sea mucho más leve.
Evitar el contacto con personas infectadas es recomendable, aunque no
siempre resulta posible debido a que el contagio puede ocurrir antes de
que aparezcan los síntomas visibles.
VARICELA EN BEBÉS
Los bebés menores de un año suelen tener menor exposición, especialmente
si no asisten a guardería. Sin embargo, pueden contagiarse si conviven
con hermanos mayores infectados.
En general, cuando la infección ocurre en edades tempranas, el cuadro
puede ser más leve, aunque siempre debe ser evaluado por un profesional
de la salud.
CONCLUSIÓN
La varicela es una enfermedad viral frecuente en la infancia,
generalmente autolimitada, pero que requiere cuidados para evitar
complicaciones. Con información clara, control médico y medidas de
prevención adecuadas, la mayoría de los niños la superan sin
consecuencias. La vacunación y el seguimiento profesional son claves
para minimizar riesgos y actuar con tranquilidad.